Hace algunos años, en una entrevista con Isidoro Pérez, quien fuera líder y activo espeleológo del GESAC (Grupo de Exploraciones Subterráneas y Arqueología de Córdoba), nos hablaba de una sima ubicada en el término municipal de Adamuz, en las inmediaciones de la presa del Guadalmellato.

De dicha sima no teníamos ninguna referencia hasta la fecha pero Isidoro nos dio unas referencias muy claras sobre la ubicación de la misma. Tanto es así, que fuimos al lugar indicado y no tardamos en encontrarla (o eso creíamos). Al no tener más conocimientos ni citas sobre esa cavidad, nos pareció justo llamarla Sima del GESAC en honor al grupo que la exploró en los años 70 y que nos habló de ella.

Cuando la encontramos y, tras montar la cuerda para bajar, pudimos comprobar cómo una obstrucción impedía continuar la bajada. Enseguida nos dimos cuenta de que se había producido un derrumbe en la pared en la que se situaba la boca de la sima, de tal forma que habían caído al interior gran cantidad de rocas calizas. Según las referencias de Isidoro, la boca estaba pegada a la pared, y tras unos 10 metros estrechos, se ampliaba considerablemente y se abría una gran bóveda, llegando a unos 30 metros de vertical hasta lo más profundo. Este testimonio cuadraba perfectamente con la sima que habíamos encontrado, por lo que estaba claro que tendríamos que sacar varios metros de piedras, trabajo que dejamos pendiente para otra visita. Todo esto ocurrió en 2017, siendo miembros del Grupo Espeleológico G40.

Unos días antes del confinamiento, a inicios de Marzo de 2019, y ya con el recién creado Grupo Espeleológico Kart-Oba (GEKO) retomamos precisamente el trabajo en esta cavidad e iniciamos las labores de desobstrucción. Luego llegó la pandemia y eso volvió a quedar pendiente.

A inicios de 2021, miembros del GEKO contactaron con Tomás García, de Adamuz, para que este les enseñara una cavidad que se encontraba muy próxima a la anteriormente citada. Él había estado de pequeño en la cueva, con su padre y su tío, pero nunca habían pasado de los primeros metros, deteniendo su exploración cuando aparecía la caída vertical por la que tiraban piedras y «nunca» oían como tocaban el fondo.

Sima del GESAC (Adamuz) Sima del GESAC (Adamuz) 

Tras llegar a la cueva y avanzar unos metros por ella a pie, era imprescindible usar cuerdas para seguir progresando. Se instaló la cabecera del pozo se bajó por él (unos 15 metros), llegando a una sala de paredes y techos blancos con algunas bonitas formaciones litogénicas.  En dicha sala se pudieron ver algunas marcas de carburo.

Junto al pozo, otra bajada destrepable llevaba a otro sector de la cueva en la que, tras una expuesta trepada se llegaba a una zona en la que se podía ver otra entrada a la cavidad, unos 15 metros más arriba. A falta de los datos exactos que arrojará el estudio y topografía de la sima, su desnivel puede oscilar entre 30 y 40 metros, convirtiéndola así en una de las más profundas simas de Sierra Morena Cordobesa.

Conclusión: la sima que Isidoro Pérez nos dijo hace años y que bautizamos Sima del GESAC no era la que nos encontramos taponada (que ahora pasamos a llamar Sima Obstruida), sino esta que acabábamos de explorar.

Sima del GESAC (Adamuz)